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Yo también quiero ser presidente

 

Hoy les voy a compartir un sueño que he tenido desde pequeño. Yo quiero ser presidente. Sí, de esos que toman decisiones importantes detrás de escritorios, de esos que se supone que deben trabajar para toda la nación, de esos que juran ayudar a todos sus ciudadanos.

 

“No cualquiera puede ser presidente”, eso siempre me dijeron de pequeño. Y en cierta forma lo creí. Supuse que los adultos se referían al alto nivel de estudios, una personalidad incorruptible y el compromiso con la transparencia. Todo eso me parecía lógico. Pero no me di cuenta de que había otras reglas no escritas, obstáculos escondidos que no permitían que cualquier persona pueda llegar a la presidencia.

 

En un principio fue difícil ver estas limitaciones. Pero conforme fui creciendo, se notaban con mayor claridad. Todo empezó con las comunidades indígenas: “Si todos somos ciudadanos con los mismos derechos ¿por qué no votaríamos por un líder indígena como presidente?”. Les respuestas variaban, pero todas parecían indicar que el conocimiento ancestral no era el ideal para dirigir un país.

 

“¿Y por qué no votaríamos por alguien de piel negra?” Los adultos simplemente decían que no, pero enfatizaban que no se trataba de racismo; claro, como no es racismo generalizar que la comunidad afro de todos los países vive en pobreza, o que somos diferentes por nuestra pigmentación.

 

“¿Y una presidenta?”. Mejor ni hablar, porque las mismas madres de familia decían que las mujeres no están hechas para la política, porque tienen mucho corazón. No podemos confiarles las Fuerzas Armadas a alguien que es muy pasional, a personas que sangran una vez al mes. Impensable.

 

¿Y yo? ¿Yo puedo ser presidente? Veamos… Si estudiara por los siguientes 20 años, sumándole maestrías, cursos, y experiencia laboral y política… La respuesta sería un lamentable no. Técnicamente sí podría postularme para el cargo, e inclusive hacer campaña, porque eso me lo permite mi Constitución. Pero, en realidad no puedo ser presidente. No, por más títulos y preparación que tenga a mi haber. No, aunque posea el mejor plan electoral. No, aunque me haya dedicado toda mi vida a servir a los demás. Y todo esto por una simple razón. Porque me gustan los hombres.

 

Ya quisiera saber cuál es el argumento que los adultos dirán para no votar por mi ¿Será tal vez porque tienen miedo a que convierta a todos los estudiantes en homosexuales? Algo como sus argumentos con la llamada terrible ideología de género en Perú ¿Será por qué, sin considerar mi registro criminal, no soy de fiar? ¿Será por qué algunas personas me condenan al infierno? Las razones parecen muy lógicas, muy bien pensadas. Ajá.

 

Aunque legalmente no existe la discriminación en nuestros países, a mí me juzgarían por mis gustos y no por mis capacidades. Por eso hoy me propuse una meta. Sí, puede que nunca pueda ser presidente. Pero espero que algún día, tú sí lo logres. Y haré todo lo que esté a mi alcance para que tengas la oportunidad de seguir tu sueño.

About Néstor Silverio

Feminista ecuatoriano que ve el mundo no como es, sino como debería ser: un lugar de igualdad, amor y mucha comida.

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