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Pese al progreso, la lucha LGBT aún es por nuestras vidas

El progreso del movimiento LGBT es innegable.

 

Puede ser que los homosexuales tengan el movimiento de derechos civiles más rápido de la historia, según Los Angeles Times.

 

Medios internacionales como El País, The Guardian y Americas Quarterly coinciden en que Latinoamérica se consolida como la región que más ha avanzado respecto a los derechos de la diversidad sexual.

 

De los poco más de 20 países del mundo que reconocen el matrimonio entre personas del mismo sexo, cinco están en América Latina: Argentina, Brasil, Colombia, México y Uruguay.

 

Argentina, Bolivia, Colombia, Ecuador y Uruguay poseen leyes que permiten a las personas transgénero tener documentos legales que respetan su identidad de género.

 

Pero detrás de imágenes como la famosa marcha del orgullo de Río de Janeiro, las parejas del mismo sexo que van de la mano en las colonias Roma y Condesa de la Ciudad de México, y la imagen de Uruguay como la nación más “gay friendly” de la región aún se esconde una realidad trágica.

 

El odio aún está matando a la comunidad LGBT en América Latina.

 

Uno de cada cinco jóvenes LGBT de Nuevo León, el estado más rico del norte de México, han considerado suicidarse, reveló la semana pasada la Primera Encuesta Estatal de Juventudes LGBT+ en Nuevo León.

 

Las causas principales son la falta de aceptación de la familia y la discriminación de la sociedad, según el sondeo de Universitarios por la Equidad y una Sociedad Íntegra e Incluyente (Unessii) de la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL) y la Asociación por la Integración, Respeto y Equidad (AIRE) del Tec de Monterrey.

 

También en Nuevo León, el mes pasado asesinaron a una adolescente trans de nombre Yadira, que los medios y las autoridades han tratado como “un hombre vestido mujer”.

 

En México, al menos 283 mujeres trans fueron víctimas de asesinato entre 2007 y 2015, reportó Animal Político.

 

De los 2 mil 115 homicidios de personas trans que ocurrieron a nivel mundial entre enero del 2008 y abril del 2016, el 78 por ciento sucedieron en Latinoamérica, según el Observatorio de Personas Trans Asesinadas de Argentina.

 

El Grupo Gay da Bahía denunció que de 2012 a mediados del 2016 casi mil 600 personas murieron por crímenes de odio en Brasil, lo que significa que en el gigante sudamericano matan casi a diario a una persona homosexual o transgénero.

 

Los asesinatos y los suicidios no son el único ejemplo del odio mortífero.

 

La Radio y Televisión Español (RTVE) reportó que la discriminación que sufren las personas trans en los sistemas de salud y educación de los países latinoamericanos recorta su calidad de vida a 30 o 35 años, según la Organización de Estados Americanos (OEA).

 

Periodistas y asociaciones civiles han alertado sobre los migrantes LGBT que huyen de países centroamericanos ante el peligro y exclusión que afrontan en esas naciones.

 

En otras partes del mundo las personas LGBT también corren peligro, como en Chechenia, Rusia, donde se reporta la existencia de un campo de concentración en el que se torturan hombres homosexuales.

 

Pese a estos hechos, líderes religiosos y sociales arremeten con intensidad contra la “ideología de género” y “la dictadura gay”, términos que ellos inventan.

 

Los políticos usan estos conceptos porque saben que la homofobia y la transfobia son poderosas herramientas de movilización.

 

Aunque sus declaraciones incentivan el odio que acaba con las vidas de personas homosexuales y transgénero, los conservadores se escudan en ser “políticamente incorrectos” o en “que es sólo su opinión” para promover la discriminación.

 

Por otro lado, partidos de izquierda, algunos liberales sociales y personas que se consideran “moderadas” minimizan la importancia de los derechos LGBT porque consideran que “no son prioridad”, que hay cosas “más urgentes”.

 

Y mientras tanto, continúa la muerte miles de personas LGBT porque, aparentemente, sus vidas no son prioridad.

About Pedro Pablo Cortés

Periodista por el Tec de Monterrey y Maestro en Desarrollo de América Latina por King's College London. Soy regio, feminista y anti-discriminación.

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