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Cuando el machismo se vuelve terrorismo

 

Alek Minassian mató a 10 personas al atropellarlas con una camioneta en una concurrida calle de Toronto, en Canadá

Por el modus operandi y el nombre del agresor, algunos creyeron que se trató de un acto de terrorismo islámico.

Se equivocaron en algo: Minassian nació en Canadá y su apellido es de Armenia, un país donde más del 95 por ciento de la gente es cristiana.

Pero en algo acertaron: se trató de terrorismo.

Solo que no fue derivado de alguna religión, sino del machismo.

Momentos antes de cometer el crimen, Minassian publicó en su Facebook que juraba lealtad a la “rebelión incel”.

Los “incel” son hombres heterosexuales que se definen como “célibes involuntarios”, es decir, que creen que merecen sexo, pero que las mujeres se lo han negado de manera injusta.

A través de Internet se radicalizan, encuentran a hombres que se comparten su ideología de odio, presumen ataques contra mujeres y abogan por la violación.

Éste no es el único caso en el que la masculinidad tóxica se ha convertido en machismo mortal.

Un sujeto disparó en una discoteca LGBT en Orlando, Florida, y mató a 49 personas e hirió a otras 53 en junio de 2016

Esta masacre se considera la más letal contra la comunidad LGBT en la historia de Estados Unidos.

Pero también es el acto terrorista más mortífero desde el atentado del 11 de septiembre de 2001.

Aunque se le intentó vincular sólo con el Estado Islámico (ISIS), activistas advirtieron que la homofobia fue parte crucial del ataque.

“La masacre de Orlando fue, ciertamente, un crimen de odio, un ataque motivado por el prejuicio dirigido de manera directa a la comunidad LGBT”, publicó MSNBC.

“A la mañana siguiente, la comunidad LGBT no solo se sintió amenazada, sino también directamente perseguida. Este devastador impacto psicológico en una minoría es el efecto particularmente peligroso de los crímenes motivados por los prejuicios”.

The Southern Poverty Law Center ha contabilizado más de 50 grupos de odio que se enfocan en atacar a la comunidad LGBT con sede en Estados Unidos, aunque muchos de ellos esparcen su ideología por todo el continente.

Entre ellos hay los que llaman la homosexualidad una “perversión”, los que combaten el matrimonio igualitario, los que tachan a los gays de “enemigos de Dios” y los abogan por las “terapias de conversión”, que en realidad son tortura.


Por lo general, estas manifestaciones de odio suelen considerarse como una diferencia de “opinión”, como una “libertad de expresión”, como un “derecho a una creencia”.

Pero estos actos de terror y el hecho que los homicidios de odio incrementaron en 400 por ciento de un año a otro, tan solo en Estados Unidos, son un recuerdo del peligro de estas ideologías de odio.

Y si no reconocemos los peligros del machismo, la homofobia y la misoginia, así como el de otros extremismos, poco podrá hacerse.

“No detendremos futuras tragedias hasta que lidiemos con el desdén por las mujeres que motiva a estos asesinos masivos y la forma en la que los homicidas se están radicalizando de manera creciente en Internet”, escribe Jessica Valenti en The New York Times.

Por ello, debemos combatir el discurso de odio que existe en las redes y exigir a redes sociales, empresas y gobiernos que tomen en serio la discriminación, la misoginia, la homofobia y la transfobia.

Porque una expresión de odio puede convertirse en un crimen, o peor, en un acto de terror.

Periodista por el Tec de Monterrey y Maestro en Desarrollo de América Latina por King’s College London. Soy regio, feminista y anti-discriminación.

About Pedro Pablo Cortés

Periodista por el Tec de Monterrey y Maestro en Desarrollo de América Latina por King's College London. Soy regio, feminista y anti-discriminación.

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