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Dios me sacó (a patadas) del clóset

Dios me sacó a patadas del clóset. Puedo dar fe de esto. Sumándose a la larga lista de evidencia de Su gran sentido del humor, me imagino que el día en el que me abría la puerta de la aceptación, debió usar muchísimo más que su infinito amor y alguno que otro empujón. Sí, a esto se le suman letreros de neón, flechas direcciones, e inclusive una alarma.

Me imagino que tal vez entornó los ojos, fingiendo sorpresa cuando entoné por primera vez la supuesta gran revelación de mi vida: “soy homosexual”. Seguramente quiso evitar decirme las muchas veces que me había mandado señales, mensajes tan claros. E inclusive, tal vez, un “te lo dije” quedó rezagado entre algún suspiro y una sonrisa.

Porque las excusas se fueron agotando, y ya no podía ignorar lo que siempre supe. Y me fijé que muchos usaban Su nombre para clamar, a viva voz, lo mucho que odiaba la homosexualidad. Decían, pues, que no me quería. Que estaba enfermo. Que probablemente me quemaría en otro plano de mi existencia. Agregaban castigos infinitos, arrojando la primera piedra y escondiendo la mano. Se rasgaban las vestiduras, con una cierta manía de tildar de pecado a aquello que no conocían.

Pero en realidad, Dios lloró con las lágrimas de mi hermano, se río con la sonrisa de mis amigas, y me abrazó con los brazos de mi madre. Siempre estuvo ahí, hablándome, pidiendo que tenga el valor de ser auténtico, real, visible. Porque, a la final, la homofobia viene de las mentes cerradas. Es una falla netamente humana, que junto a otras formas de discriminación, no nos permite ver que, después de todo, Dios vive en cada uno. En el homosexual de la esquina, en el inmigrante que trabaja en la calle, en la gente humilde, en las otras culturas.

Nosotros creamos los armarios en los que atrapamos a tanta gente. Y más allá de dogmas, iglesias, e hipocresías religiosas, Dios solo quiso recordarme un último detalle: que me amaba, y que yo merecía ser amado.

Feminista ecuatoriano que ve el mundo no como es, sino como debería ser: un lugar de igualdad, amor y mucha comida.

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Feminista ecuatoriano que ve el mundo no como es, sino como debería ser: un lugar de igualdad, amor y mucha comida.

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