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Turkish women shout slogans during a rally to mark International Women's Day in Ankara, on March 8, 2015. AFP PHOTO/ADEM ALTAN (Photo credit should read ADEM ALTAN/AFP/Getty Images)

Carta a un violador

 
A quien corresponda,
 
Habría puesto “querido” seguido de tu nombre, pero no quiero mentirte, no eres nada querido. Al contrario, cuando pienso en ti entiendo el nivel de maldad que los seres humanos pueden alcanzar. Pero basta de hablar sobre ti, esta carta no se trata de ti, sino de mí.
 
La persona que lastimaste no se atreve a decir o hacer nada, pero yo sí. Y yo he decidido escribirte. Porque creo tener una virtud llamada empatía (lo que seguramente tú jamás has tenido e imagino que jamás podrás poseer); y, por la simple razón de que amo con mi vida a la persona que heriste.
 
Ha pasado algo de tiempo desde ese encuentro con el que marcaste su vida para siempre. Ni siquiera serás capaz de imaginar las noches en vela que provocaste, ni cuántas botellas habrías llenado con sus lágrimas, ni la cantidad de veces que osaste participar en sus sueños tornándolos en pesadillas (incluso en los míos). Tu rostro, aunque borroso y algo difuso, tiene el descaro de llegar a sus pensamientos cada cierto tiempo, y yo lo noto en su mirada.
 
Tal vez pensaste que con el tiempo lo olvidaría, tal vez nunca imaginaste que luego serías parte de cada decisión que tomaría, tal vez te sorprende saber que le hiciste conocer lo que significa la verdadera impotencia, el verdadero miedo, y tal vez creías que jamás lo recordaría porque estuvo demasiado fuera de sí como para olvidarlo al siguiente día. Y ahora debo comentarte que su manera de enfrentarlo fue el bloqueo, por tu culpa tuvo que borrar un momento de su vida, por la simple razón de que no supo cómo superarlo, y resultaba menos doloroso solo olvidarlo, y dejarte a ti, su agresor, completamente impune.
 
Hiciste que pensara que fue su culpa, que quién debía cargar con todo el peso sobre sus hombros no eras tú. “Fue la causa pero yo tuve la culpa” es una frase que pasa y repasa su mente. Lograste hacer que quisiera desprenderse de su cuerpo y dejarlo abandonado.
 
Yo quiero dejarte en claro que en realidad jamás lograste tocar absolutamente nada suyo, tú no tocaste su corazón, tú no tocaste su alma, tú no tocaste su ser, tú ni siquiera tocaste su cuerpo, porque para hacerlo, su corazón, su alma, su ser y su cuerpo debieron habértelo permitido. Y tú, jamás lo merecerías.
 
Cuando pienso en ti, realmente la tristeza aborda mi cuerpo, pero no me mal entiendas, no es que seas capaz de hacerme sentir tristeza, aún no te he dado el más mínimo poder de hacerlo. Lo que siento es pena… pena por ti. No entiendo cómo puedes vivir día a día sabiendo todo lo que hiciste a otro ser humano, no sé aún cómo has logrado levantarte cada mañana, o como fuiste capaz de transgredir su cuerpo y su vida de la manera en qué lo hiciste. De verdad no sé cómo alguien puede vivir con eso.
 
No voy a culpar a tu niñez, ni a tu familia, mucho menos a tu contexto… No te excuses por favor… lo que vivimos no nos hace, nos influye sí… pero no nos hace.
 
Pero esta no es una carta de odio, he decidido que yo no hablo el mismo idioma que tú, ese de irrespeto, de rencor o de resentimiento social. Al contrario, he querido escribirte para decirte que te perdono. He llegado a pensar que ya tienes demasiado que cargar con todo lo que hiciste, de verdad debe ser pesada esa carga que llevas.
 
Por mí no te preocupes y por la persona que heriste mucho menos. Lo que hiciste sembró fortaleza y ni creas que fuiste capaz de quitarle pasión, inocencia o ternura. ¡Al contrario! Es de las personas más nobles y alegres que he conocido, con la única diferencia de que ahora es capaz de soportar cosas realmente duras en la vida.
 
Hay solo dos caminos, podremos seguir el resto de la vida pensando en lo que hiciste o aceptar que lo hecho, hecho está, y por lo tanto nos queda solo la opción de superarlo y seguir adelante. Esta carta seguramente no será capaz de hacerte entrar en razón, pero sé que lograré llegar a aquellos y aquellas que fueron lastimados de la misma forma. Sé que puedo evitar que se sientan completamente solos o vacíos, y recordarles que no son los únicos… Pero sobretodo sé que tal vez estas letras sirvan para que entendamos que será menos doloroso soltar la carga y cedérsela a aquel o aquella que si debe soportarla. Perdonar será menos duro que auto-castigarse día a día recordando una decisión que no fue propia.
 
Cada noche en vela, cada recuerdo de madrugada, cada regresión durante un día cotidiano, recuerden por favor que no están solos y permítanme ser su voz a través de este grito de reclamo que tiene la forma de una simple carta…
 

About Ximena Argüello

Desde Ecuador creyendo en el amor, en todos sus colores, en todas sus formas. Activista de pluma, por los derechos de todos y todas. Poeta luchadora de recuerdos cortos y sueños largos.

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