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Al desnudo

No sé si alguna vez había sentido un deseo tan intenso de quitarle todo lo que traía puesto. De quitarle la ropa, el maquillaje, el cabello, las apariencias, pero sobre todo de quitarle los miedos. Creo que jamás había sentido una necesidad tan infinita y desesperada de desnudarla entera, a ella, quien me traía tan fuera de mí.

 

Pero debo aceptar que mi deseo nada de sexual tenía, aunque mentiría si diría que jamás había tenido algo de carnal. Pero esta vez, por este instante quería que fuera el deseo más sano que podría tener en medio de mi vida torrencial y equívoca. En este instante preferí que mis deseos no sean corporales, ni siquiera sensoriales.

 

Sí, quería tenerla desnuda frente a mí, desnuda de los pies a la cabeza. Sin ropa, sin mentiras, sin suspiros, sin prejuicios. Un instante de total sinceridad, un instante para mirar su alma. No quiero mentir, desde que la vi entrar por esa puerta he querido quitarle todo lo que traía encima, solo para comprender quién es y qué tiene que me ata y me desata a su puro capricho.

 

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¡Pero qué locura la mía de descubrir lo que podían esconder esos ojos! Si de reojo el miedo recorre mi cuerpo tan solo al imaginar todo lo que puedes esconder.

 

Pero sé que esto no puede llamarse amor sino hasta conocer todos esos demonios que llamas defectos, todos los pensamientos erróneos o sucios que alguna vez pudiste tener. Y por favor, no critiques por mi crudeza al tratar de decirte esto ¡por favor! no pienses que estoy loca. Creo estarlo, no trato de negarlo. Pero tal vez solo intento que comprendas que también estoy llena de esas cosas que debes conocer de mí, antes de afirmar quererme. Creo que solo intento desnudarme como para hacer más equitativa esta situación.

 

Así que adelante amor mío, amor prohibido. Iniciemos por sacarte todo lo que has decidido poner como pretexto a esto que intentamos llamarle relación. ¿Qué tal si comenzamos por olvidar lo que nos enseñaron del amor? Comencemos por quitarte toda la importancia que les hemos otorgado tan comedidamente a esos y esas que no hacen más que criticarnos, sin siquiera entender lo bien que puede sentirse estar entre tus brazos. Y si ahora retiramos lentamente los prejuicios que te han estado pesando tanto, dime tú qué es lo que puede quedar, además de este loco amor que podemos sentir.

 

Permíteme rozar lentamente tu cuerpo mientras voy entrando a tu alma, déjame alcanzar la profundidad más oscura de tu mente y comprender ¿qué es lo que en verdad te aterra?

 

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Déjame navegar por tu cuerpo, iniciar por tu cabello y recorrer tus pensamientos. Déjame conocer tu historia y hacer un pacto con tus anécdotas. No te pido nada complicado, solo te ruego que me permitas enamorarme de ti. No de quién dices ser, no de quien todos se atreven a pensar que eres, no de quien te convendría ser, y mucho menos de quien has intentado ser, sino de ti… Simple y sencillamente de ti. Déjame amarte. ¿Y los demás? Pues solo diré que ellos podrán ser felices teniendo algo para criticar, al fin y al cabo terminarán por hacerlo. Si no es por nuestro amor será por cualquier otra circunstancia. Así que al diablo con estos disfraces y ¡vamos! ¡Te invito a amarnos!, creo que esta propuesta hace una mejor armonía que un simple “vamos por un café”, pero tú decides.

 

About Ximena Argüello

Desde Ecuador creyendo en el amor, en todos sus colores, en todas sus formas. Activista de pluma, por los derechos de todos y todas. Poeta luchadora de recuerdos cortos y sueños largos.

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