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Todos necesitamos de un albergue alguna vez en la vida

Hoy regreso a la escuela, en medio aún de la confusión  y apenas asimilando  la idea que probablemente, ya no veré a algunos de mis compañeros de clase, algunos porque regresaron con su familia y otros porque ya no podrán asistir a las aulas nunca más.

 

Voy caminando por las calles confundiéndome entre la gente, todos nos saludamos sin conocernos, ahora nos miramos a los ojos unos buscando consuelo, esperanza, fortaleza y cualquier cosa que nos haga sentirnos acompañados. Si ellos supieran que nosotros caminamos todos los días buscando eso en los demás.

 

He pasado por un albergue y no pude resistirme a entrar, he visto a los niños jugar creando felicidad entre ellos, he escuchado sus risas y sus historias, me he empapado de su alegría que tanta falta le hace a mi vida, me han recordado que la felicidad es propia, que sin importar lo que suceda a nuestro alrededor, somos capaces de decidir la forma en que reaccionamos o accionamos a nuestra realidad.

 

He visto la tristeza de las familias que han perdido sus hogares, no es difícil identificarlos, reconozco esa mirada perdida, ese corazón roto y esa desesperanza en el rostro. En ambos casos la naturaleza nos puso a prueba.

 

He podido admirar la calidez de un abrazo en aquellas personas que sin tener nada lo han dado todo, quienes han volcado su corazón para consolar a quienes están a su alrededor, me han dado la oportunidad de recibir ese abrazo de aceptación y esperanza, de saber que tras cualquier tragedia siempre hay una forma de continuar, de seguir adelante y tomar fuerza para volver a empezar.

 

Comprendí que el albergue es un tipo de refugio ante un desastre o tragedia, es una especie de hogar temporal donde puedes encontrar ayuda, todos se preocupan por todos desde dentro y desde fuera.  Este hecho no difiere en mucho de lo que en la comunidad LGBT+ necesitamos, crear esos albergues  que puedan ayudarnos a encontrar esos refugios de apoyo y esperanza que tanto necesitamos al salir del clóset, esos lugares donde podamos encontrar ayuda, aceptación y esperanza.

 

No fue sencillo salir de ahí, me sentía tan aceptado en aquel lugar que hubiera querido quedarme siempre, sin embargo, también entendí que era el momento de hacer algo desde afuera, las cosas buenas se pueden construir en todos los sentidos y este debe ser el momento de empezar para todos, y para nosotros no debe de ser la excepción.

 

Si la naturaleza nos a puesto a prueba a todos y nos ha demostrado que no tiene distinción de nada, entonces las oportunidades también son para todos por igual, si como sociedad nos hemos podido unir, también como humanidad podemos ya no soltarnos. 

 

Como comunidad LGBT+ estamos demostrando que somos parte de esta sociedad, de este país que está dispuesto a levantarse, y que se está poniendo de pie, somos parte de quienes perdieron algo, de los que están construyendo de cero, de los que están ayudando, de los que están informando, de los que que siguen creyendo que después de ese martes 19 nuestras vidas ya no serán las mismas, y entonces de todo esto, podamos ser más tolerantes, respetuosos y empáticos con los demás, con quienes hemos estado aquí siempre esperando siempre por esa oportunidad.

About Rosy Rodríguez

"Una mamá fuera de lo normal. Divertida, extrovertida y arriesgada. Ama la diversidad con toda la tonalidad de colores que representa. Una mamá de textbook del siglo XXI". ¡Eso es lo que dice mi hijo gay!

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