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Guayaqueer City: rebeldes y sin tapujos

Sin remordimientos, directos y provocativos: así son las dos grandes mentes Guayaqueer City.

 

 

Esta iniciativa saca su nombre de la ciudad costera más importante de Ecuador, Guayaquil. Una metrópoli donde sopla la cálida brisa del Pacífico, y donde también se pueden palpar las inequidades sociales, el machismo, y la homofobia interiorizada.

 

Y nace esta gran idea, un proyecto que le da un giro queer a la ciudad porteña para rescatar lo transgresor y revolucionario de la Comunidad LGBTQ+ que no se ciñe a estereotipos, binarismos o limitaciones tan burdas como el qué dirán. En la ropa y el diseño, Víctor García e Ismael Chock reinventan la libertad y la estética. Y ofrecen algo nuevo, algo rebelde e inspirador.

 

En esta entrevista doble, nos disponemos a conocer el comienzo de esta gran idea que aprecia lo internacional y lo local, que denuncia el elitismo de muchos homosexuales, y que converge en la diversidad.

 

Cuéntanos, Víctor ¿Qué es Guayaqueer City? ¿Cómo surgió esta iniciativa?

 

Victor: Volví a Guayaquil exactamente el último día de marzo, luego de tres años y medio de vivir y estudiar artes visuales en Italia. Perdido, deshabituado y sin saber qué hacer en la ciudad, quería encontrar trabajo, crear cosas, aunque no tenía idea de qué. Había vuelto luego de vivir abiertamente con mi novio durante un año y medio y de haber realizado pasantías en una de las Bibliotecas/Centros de documentación LGBT más grandes de Italia y de Europa, el Centro di Documentazione Flavia Madaschi del Cassero LGBT Center en Bologna, entonces me sentía totalmente a gusto con mi sexualidad y estaba influenciado por el activismo del que fui parte durante mis últimos meses en Italia. Ahora veía Guayaquil diferente y criticaba muchos comportamientos machistas, incluso de los LGBT, porque notaba mucha homofobia interiorizada. En Instagram seguía y veía cuentas de personas o negocios que vendían productos para la comunidad Queer que me encantaban, pero por precios y envíos era imposible comprar sus productos, así que pensé en volverlos a diseñar yo mismo para estamparlos y usarlos en camisetas. Lo hice una vez, mas después creí que podría empezar a hacer también los míos, apropiándome de o descontextualizando monumentos o la imaginería guayaco/ecuatoriana. O sea, basándome en algo más local que me represente mejor, porque me indignaba la homofobia y el machismo que percibía estando aquí. Volví a retomar viejas amistades que me dieron mucho apoyo y mucha inspiración para los diseños y la idea de la marca. Pasé diseñando muy seguido, estampé las primeras camisetas y después, Ismael Chock, gran amigo mío de años y con quién hacemos un buen equipo, sugirió hacer toda una producción: no solo vender las camisetas, mas también las ideas, la experiencia, y así fuimos trabajando las ideas de conversaciones casuales y cosas que nacían de la experiencia del día a día, mejorando los diseños, ideando otros nuevos. Y nació Guayaqueer City.

 

 

Háblennos un poco de Guayaquil ¿Es una sociedad inclusiva para la diversidad?

 

Víctor : Guayaquil es lámpara, como decimos acá. Creo que en la costa la desigualdad social es más evidente y convives con ello a diario, los barrios populares están al lado de los ricos o de los de “clase media” y todo junto crea un caos irreverente, no hay montañas que los separen o los alejen, a veces solo hay muros. Antes de irme a estudiar no conocía bien la ciudad, no salía mucho, por eso no estaba tan al tanto de la situación para nosotros LGBTQ en la ciudad. De todas formas, creo que Ismael puede contestar mejor esta pregunta.

 

Ismael: Guayaquil es una ciudad que se ha construido al calor de las bolas del discurso social cristiano. Eminentemente de derecha que siempre ha protegido los intereses e ideales de lo que se considera ”el buen vivir”. El clima que vivimos ahora no es el mismo que se vivió hace aproximadamente 19 o 20 años, según lo que nos dice Hugo Benavides en su texto: La representación del pasado sexual de Guayaquil: historizando los enchaquirados. Se llevaba la etiqueta mental y el manierismo de un macho viril a como dé lugar porque era la única forma de mantener una vida alejada del peligro, no sólo del qué dirán sino también en primera instancia del encarcelamiento penitenciario. Según registros oficiales hasta el 27 noviembre de 1997, las inclinaciones sexuales diferentes a la heterosexual eran un delito, de acuerdo a lo estipulado en el numeral primero del artículo 516 del Código Penal Ecuatoriano. De ahí en adelante se supone que la cosa debería cambiar, pero no es así. A pesar de contar con la marcha del orgullo GLBTI, que este año lo sentimos con una potencia que yo al menos no había vivido antes. Tal vez por el hecho de estar empoderado al fin, aunque pienso que fue bastante relevante, ya que fuimos incluidos dentro de la feria de emprendimiento, lo cual nos sorprendió mucho. Esto a primeros rasgos deja un buen augurio aparentemente de las ediciones venideras. Tomando en consideración también el uso de iluminación con los colores de la bandera LGBTI en el Hemiciclo de la Rotonda, acompañado de la tan emblemática y homoerótica escultura de Bolívar y San Martín… Dirán que pienso mal, pero les invito a revisar la primera propuesta de modelo hecho por el escultor español José Antonio Homs. En fin, creo que a Guayaquil le falta mucho, y creo que la respuesta tan favorecedora se debe también a intereses políticos y económicos por parte de Municipio de Guayaquil. Sino como botón de muestra, recordemos los abusos perpetrados por el Escuadrón Volante; manejado por el entonces gobernador del Guayas Jaime Nebot Saadi, en función de una ”higienización social”. Creo que hay sectores mucho más vulnerables: ayer una amiga mía me contaba como una muy querida y cercana pareja de dos mujeres fue atacada en una fiesta de cumpleaños en un sector populoso de mi querida Guayaqueer city. Esto sin el afán de sonar clasista, pero es una realidad que se vive de manera mucho más fuerte en clases sociales bajas. Y no, no está bien.

 

 

¿Cómo se muestra la visibilidad LGBT+ a través de la ropa?

 

Víctor: Hoy valoramos más lo que nos ponemos. La gente siempre se pone la camiseta de la selección del Ecuador o de Barcelona o Emelec para demostrar su apoyo a esos equipos ¿por qué no hacerlo también para mostrar tu apoyo hacia una causa? A través de la hibridez entre el imaginario LGBTQ y la imaginería guayaco/ecuatoriana queremos recordar que existe historia LGBTQ aquí, o que sí es posible imaginar y crear un contexto de diversidad sexual en el Ecuador, y que nos conectamos con lo queer global a través de nuestras identidades locales. Creemos que la visibilidad no es solo el arcoíris, las frases bien kinky en inglés o las drag queens de RuPaul; en nuestro país la visibilidad debe ser mostrada a nuestro propio modo. Y no solo exaltar el amor, también las particularidades de la comunidad que reclamamos como genuinas, nuestras, naturales, porque nos hacen creer que no lo son. Me refiero a prácticas que podrían resultar tabú como el cruising o el bondage o al uso de formas fálicas o de la desnudez sin vergüenza, que desafían moralismos caducos y la heteronormatividad y que el carácter subversivo de la comunidad LGBTQ siempre ha sabido tolerar y adoptar con brazos abiertos. Creemos que la cultura Queer es desde siempre una cultura rebelde en diálogo con otros campos, sobretodo el feminismo. Existe y no puede ser callada. Si el cambio empieza por uno mismo, pues empieza también con lo que uno se pone.

 

 

¿Cómo pueden romper esquemas y estereotipos de género a través de sus prendas?

 

Ismael: Creo que de alguna forma nos hemos servido en el hecho de cómo queremos mostrarnos ante el mundo. La diversidad es importante para nosotros. En la búsqueda de ‘’modelos’’ para las fotos que han sido gente conocida o amigos, tratamos de exaltar lo que de alguna forma podríamos llamar ‘’la diferencia’’, pero con una construcción desde lo antagónico: me refiero dejar abierto o, mejor dicho, suspendido el orden social. Al dejar que las posibilidades en cuanto a qué ponerse y cómo usarlo sean un poco más amplias de lo que estamos acostumbrados a ver aquí en Killcity. Creo que hemos construido un desdibujamiento de la identidad tanto masculina, como femenina a partir de los colores. Esto se encuentra inmanente en la psiquis de los seres humanos, siendo así el celeste masculino y el rosado femenino, como convención social. Al realizar estas pequeñas publicidades (siendo yo quien maneja más la parte audiovisual, la dirección de arte y el estilismo, pero siempre en conversación y concesión con Víctor), hemos rescatado las singularidades de nuestros ‘‘modelos’’, haciendo que la presencia de ellos tome relevancia de la manera más natural posible. Lo que ves es lo que son, sin poses para pretender ser algo. En gran parte lo hermoso de las prendas es que ninguna tiene un género específico, aunque en principio se haya pensado en abarcar tanto a un público femenino como masculino (si es que a binarismos queremos referirnos). Puedes usar la que tú quieras porque la identidad de género que quieras asumir. Es cuestión tuya y de nadie más.

 

Sentimos que Guayaquil es una ciudad poco crítica. Esto me viene dando vueltas a la cabeza desde hace varios días y hoy salió a relucir el tema en una conferencia que asistimos, esto es otro tema aparte. La forma en que me conecto con esto, es que microrrevolucionar desde lo que uno se pone es un paso grande, es asumir una responsabilidad sobre las formas de representación de uno mismo en el espacio público.

 

 

Víctor, sabemos que participaste de la exhibición “Soy Paisaje” (una exhibición de arte LGBT+ en la capital ecuatoriana), cuéntanos más de tu vinculación con este proyecto:

 

Victor: Para Soy Paisaje envié a la convocatoria una obra mía que presenté para mi graduación y me parecía pertinente con el tema de las ciudades contemporáneas. El trabajo es de este año y se llama Chatroom, es el registro de una operación performática que llevé a cabo en varios días. Me posicioné frente a dos computadoras con webcams externas, cada webcam apuntaba a la pantalla donde se reproducía mi imagen si hubiese usado la webcam interna de la laptop, pero estaban conectadas a la computadora opuesta de la que grababan, así que en su lugar se reproducía la imagen de la otra persona en su respectiva computadora, por lo que dos personas interactuaban y mantenían una conversación pero no sabían que era yo el medio a través del cual se intercambiaban los mensajes y que observaba y registraba todo lo que hacían: era el voyeur y el medio. Los videos son el resultado de la postproducción de varias horas y días de buscar y encontrar los momentos precisos en los cuales dos personas en el mundo coincidían y estaban dispuestas a mantener un chat, también porque tenía que pixelear rostros y censurar información personal intercambiada. Con esto quería evidenciar que hoy en día no hay necesidad siquiera de tener contacto con la ciudad real porque el internet nos proporciona de algo así como una ciudad virtual donde nos podemos conocer entre todos, fingir, burlar, abusar, gozar, hasta ser nosotros mismos si venimos de lugares hipercontrolados y discriminantes. Pero aquello trae consigo los riesgos como el espionaje virtual, fenómeno actual que comparo al milenario voyeurismo, práctica bastante evidente en los sitios de entretenimiento homosexual como los cuartos oscuros.

 

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¿Han recibido comentarios homobóficos por sus diseños?

 

Víctor: Hasta ahora no hemos recibido ningún comentario homófobo, solo han dicho que causaremos polémica usando símbolos tradicionales de la ciudad, porque es “ofensivo”. Yo no creo que un Juan Pueblo maquillado que saca la lengua, por ejemplo, sea ofensivo ¿por qué sería ofensivo maquillar a un hombre? ¿por qué sería ofensivo feminizar o “queerizar” a alguien? Si no hay nada de malo en ser femenino ni en ser homosexual o transexual ¿verdad? Verdad.

 

 

¿Cómo le responderían a una persona homofóbica?

 

Víctor: “Di lo que quieras, igual el mundo no se parará ni retrocederá decenas de años para pararle bola. Tus opiniones se irán con las generaciones pasadas y el futuro, el cual será queer, no recordará tu ignorancia.”

 

Ismael: ‘‘Espero que te haya hecho sentir más hombre, y más afianzado en tus ideales. Porque a mí, me has hecho sentir más empoderado con tu insulto’’

 

 

Guayaqueer City está comenzando ¿Cuáles son los planes a futuro para este proyecto?

 

Victor: Quisiera poder volver a Guayaqueer City un lugar de entretenimiento LGBTQ que dé espacio a la cultura y al arte. Algo así como el lugar donde realicé pasantías en Bologna. Con amigos nos damos cuenta de la falta que hace un lugar en Guayaquil donde puedas sentirte tú mismo, ya seas gay, lesbiana, bisexual, trans, intersexual, asexual, intelectual, artista, escritor, o simplemente una persona que acepta la diversidad y apoya a la comunidad, con espacios para la cultura queer (poesía, arte, literatura, etc., de temática LGBTQ) y música que no sea la que suena en todas partes, no por clasismo ni nada por el estilo, todo lo contrario, porque en esta ciudad para tener otro tipo de farras se tiene que pagar más y no estamos nada de acuerdo con eso.

 

Ismael: Acotando lo que dice Víctor, en el hecho de tener que pagar más para tener otro tipo de farras. Es interesante cómo se construye un clasismo de lo que puede o no puede ser. Existe una hegemonía detrás de estos eventos y tiene que ver mucho con la clase social. Esto es una cuestión de una complejidad mucho más grande, ya que no solamente estamos lidiando con la inclusión de espacios queer sino también en la separación entre lo culto y lo popular. Pienso también en un espacio físico en el cual se abra el diálogo de manera más inclusiva, libre de etiquetas y más tolerante.

 

About Néstor Silverio

Feminista ecuatoriano que ve el mundo no como es, sino como debería ser: un lugar de igualdad, amor y mucha comida.

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