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En Kenia, “un bebé intersexual es una maldición y debe morir”

En 2012, una partera en Kenia asistió el nacimiento de un bebé que tenía órganos sexuales femeninos y masculinos.

“Cuando miré para ver si era varón o mujer vi dos cosas que sobresalían. Este bebé tenía partes masculinas y femeninas, recuerda Zainab, la partera.

Cuando el padre se dio cuenta que los genitales no estaban esclarecidos le dijo a la partera: “No podemos llevar este bebé a casa. Queremos que lo maten

Le dije que el bebé era una creación de Dios y que no debía ser asesinado. Pero él insistió. Así que le dije: Déjenme al bebé, yo lo mataré”

“Pero no lo maté. Me lo quedé”.

“Al año los padres se enteraron que el bebé estaba vivo y me vinieron a ver”, dice Zainab. “Me dijeron que jamás debía revelar que el bebé era suyo. Acordé con ellos y desde entonces he criado al niño como propio”

En la comunidad donde vive Zainab, los bebés intersexuales son vistos como una maldición para su familia y sus vecinos, por lo tanto Zainab se arriesgaba a ser culpada por cualquier desgracia.

Dos años más tarde, Zainab asistió nuevamente el nacimiento de otro bebé intersexual.

“Esta vez la madre estaba sola y simplemente huyó, dejándome al bebé”

Zainab criaba ahora dos niños intersexuales como parte de su familia, hasta que su marido (que era pescador) comenzó a tener una mala racha, y empezó a culpar a los niños por la falta de pescados.

“Decía que era porque los niños nos habían maldecido. Me sugirió que se los entregue para que los ahogara en el lago. Pero me negué. Le dije que jamás lo permitiría”. “Se puso violento y comenzamos a pelear todo el tiempo”, relata.

En consecuencia, Zainab se vio forzada a huir, dadas las amenazas de su marido.

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Hoy en día, cada vez son más las madres que dan a luz en hospitales, pero en lugares donde no hay un hospital cerca, las parteras tradicionales siguen asistiendo y los infanticidios continúan, a escondidas, pero continúan.

Los tratamientos para las personas intersexuales son variados. Algunos pacientes no requieren tratamientos, muchos necesitan medicamentos y tratamientos hormonales y otros requieren cirugías. Esto último se da hasta después de la pubertad para que los niños puedan decidir por cuenta propia qué quieren ser.

A los niños adoptivos de Zainab les falta bastante para tener que tomar este tipo de decisiones.

Zainab todavía asiste a partos cuando se la requiere, pero se gana la vida sobre todo comprando y vendiendo ropa y sandalias.

“Todos comemos bien y puedo ver que son niños normales. Hablamos, el más grande ayuda con las tareas de la casa y mi hijo los considera a ambos como hermanos. Son todos mi familia, es un milagro de Dios“.

Cuando se le pregunta si se arrepiente de su decisión Zainab se ríe, como si fuera una pregunta ridícula.
“¿Debería deshacerme de ellos? No, ¡soy su madre! Son seres humanos y yo debo cuidar a las criaturas de Dios”

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Ilustraciones: Charlotte Edey
Fuente: BBC

About Marilia Navarro

Enfermera, escritora y activista LGBT+. Se ha desempeñado como enfermera en la Estrategia Sanitaria Nacional de Prevención y Control de ITS-VIH/SIDA (Hospital Regional de Ica-Perú). Ganadora del II Premio de Nanorrelato del Taller de escritores de Barcelona. Sus relatos y poemas aparecen en las revistas Horizontes Culturales y Mentes del Mañana. Ha participado en la II y III edición del Festival de Poesía Poetas en la Arena. Presentó su primer libro de poesía Tergiverso (Ediciones Catavento, 2017) en la Feria Internacional del Libro de Lima 2017. Aparece en la Antología de Poesía Iqueña Poetas en la Arena (Biblioteca Abraham Valdelomar, 2017). Actualmente, produce el programa radial "La chica del clóset".

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